jueves, 29 de mayo de 2014

EL TORMENTO DE LA EXISTENCIA



EL GRITO



“Estaba caminando por la carretera con dos amigos - el sol se ponía - sentí como un soplo de melancolía - El cielo de repente se volvió de un rojo sangre - Me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio - sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad - mis amigos continuaron- y yo me quedé atrás - temblando de ansiedad - sentí un grito interminable que atravesaba la naturaleza…”.



Son palabras que el propio Edvard Munch redactó en su cuaderno autobiográfico en 1892 y que sirvieron como  fuente de inspiración para una de las obras más conocidas y cotizadas del siglo XX. Las palabras del artista noruego sintetizan lo que un año más tarde plasmará sobre cartón a través de unas líneas sinuosas y un color vibrante, desgarrador. El Grito, se convertirá en una de las pinturas más enigmáticas de la Historia del Arte y un siglo después nos permite establecer paralelismos de la sociedad de entonces con la de ahora, la que nos ha tocado vivir.




Las reducidas dimensiones de la obra (91 cm x 74 cm) no infieren en la inmensidad de su contenido, no se busca una realidad objetiva ni una belleza formal, Munch va más allá e intenta reflejar y captar el estado espiritual del alma.

Los elementos pictóricos empleados potencian sobremanera la expresividad, el color estridente evidencia el desgarro y estado de desesperación del personaje central, una figura andrógina, plana y de rostro desfigurado  que sujeta su cabeza con ambos manos emitiendo un “grito silencioso” ante la pasividad de unos personajes situados en un segundo plano que caminan normalmente, ajenos al dolor de lo ajeno. El paisaje se alía con la angustia y el tormento y no ayuda a combatir el estado de soledad y ansiedad que nos quiere transmitir.

El Grito muestra el reflejo de una mente atormentada.La existencia y vida de Edvard Munch no fue nada fácil. Marcado por la tragedia familiar y sus crisis nerviosas acentuadas por su adicción al alcohol, el considerado precursor del expresionismo dio un giro a su pintura al tomar contacto con los postimpresionistas en uno de sus viajes a París sobre todo al conocer la obra de Gauguin y Van Gogh. De una paleta llena de color y luz de tendencia impresionista la abandona para expresar el sentimiento a través de unas pinceladas más audaces y vigorosas. El Grito es la mezcla y expresión de sentimientos y muestra el rechazo de una realidad social marcada por las protestas y el descontento generalizado, el contenido simbólico también está presente en la obra.

Son cuatro las versiones que realizó el artista sobre esta obra que originalmente la denominó  El Grito de la naturaleza (Der Chrei der natur) y fue creada como parte de la serie Friso de la Vida sobre la vida moderna, el amor, la angustia y la muerte. De las cuatro versiones existentes la más conocida es la que se expone en la Galería Nacional de Noruega y dos de ellas han sido objeto de robos mundialmente conocidos y recuperadas años más tarde.

Hay obras de arte que llaman especialmente la atención del espectador y ocurre con obras particularmente simbólicas como es el caso de El Grito. Su estudio y contemplación invitan a la reflexión, a interiorizar en uno mismo y a cuestionar el por qué ocurren las cosas, es aquí donde se pone de manifiesto la universalidad del poder del Arte, un poder capaz de llegar a lo más profundo de la mente humana eso es….Arte.

El tormento de la existencia de Munch durará hasta el  último de sus días, murió solo en su casa de Ekely un frio día de invierno de 1944. Fin.

                               



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UN GRECO EN EL PUEBLO



Son muchas las exposiciones museísticas y retrospectivas artísticas que durante este 2014 se van a ir celebrando por los diferentes sitios donde el pintor dejó huella, sobre todo en Toledo, ciudad en la que se asentó el artista a mediados de 1582 y donde desarrolló una gran parte de su obra pictórica hasta su muerte un 7 de Abril de 1614. Es por ello el dedicarle estas líneas, pues nuestra ciudad, Andújar, cuenta con una obra del genial pintor  considerada como el “tesoro” que guarda la parroquia de Santa María La Mayor de Andújar. El Lienzo narra el pasaje bíblico de la “Oración del Huerto” y ha sido y es objeto de peticiones para préstamo de las pinacotecas  más importantes tanto nacionales como internacionales dada la maestría con la que El Greco ejecutó la pintura.



Se tiene constancia de que El Greco realizó trece obras del mismo tema, siendo la versión de Andújar la de mayor calidad y maestría dada que se fecha entre los años 1605 y 1610 correspondiéndose con la etapa final del artista donde alcanzó su madurez creativa y donde las formas, el color y la luz hacen de ello una obra sublime.
El Greco, como en todas sus obras, también plasmó su firma con caracteres griegos en el ángulo inferior derecho de este óleo sobre tela que tiene la particularidad que de las trece versiones que realizó sobre este tema ésta es la única en forma vertical con unas medidas de 160 x 112 cm. En ella desarrolla el tema religioso de la Oración del Huerto y dada la composición elegida divide el cuadro en dos, en un primer plano inferior aparecen  los Apóstoles San Juan, Santiago el Mayor y San Pedro y sobre ellos en un segundo plano la figura del Ángel que sostiene un cáliz y Cristo. El movimiento lo marca la reverencia del ángel y la actitud pausada que muestra la figura de Cristo recibiendo el mensaje que éste le da mientras los apóstoles duermen profundamente. Al fondo, un grupo de soldados se dirigen a Jerusalén. Se le ha dado protagonismo al color de las vestimentas, la túnica de Cristo hace que fijemos la mirada en él contrastando  con la sobriedad del paisaje roto únicamente por el tratamiento de la luz que envuelven al cuadro en una atmósfera misteriosa y espectacular. El sentido y las formas manieristas están presentes, sin obviar las influencias de los grandes maestros italianos de los que fueron fuente de inspiración para el pintor. El Greco transforma la temática y convierte una escena de dolor en una escena espiritual, bella.
Que Andújar cuente con una pieza artística de estas características da indicios de la influencia de las familias que formaban parte de la sociedad iliturgitana en los siglos XVI y XVII y dada su posición estratégica y cercanía con otras ciudades facilitaba el contacto artístico y cultural del momento.
 Propiedad de la familia Sirviente de Cárdenas, posiblemente llegara a sus manos a través de la amistad que el Sirviente mantenía con el Obispo Sancho Dávila y Toledo. Sin duda hemos de mencionar a D. José Feliu, canónigo Magistral de Zaragoza ya que fue él quien descubrió tan magna obra, ignorada por historiadores del arte hasta 1914 año en que fue descubierta y catalogada. Actualmente la obra se ubica en la capilla de San Ildefonso del templo que la atesora, pues si en principio la pintura formaba parte del retablo del Altar Mayor ésta se salvó de la destrucción por un incendio gracias a que se encontraba en los talleres de restauración del madrileño Jerónimo Seisdedos.
Andújar y El Greco… no hay constancia documental de que el pintor visitara la ciudad pero el hecho de que un pedacito de su legado artístico se encuentre custodiado en ella hacen que Andújar y El Greco sean visitables en un mismo momento. La obra puede ser contemplada en la capilla del templo, recién llegada de su traslado a la Catedral de Jaén donde ha formado parte de la Exposición del año de la Fe, en breve partirá al Museo del Prado como una de las piezas  estrella de la exposición dedicada al maestro. Allí  permanecerá hasta Octubre mientras tanto Andújar y Santa María La Mayor quedarán huérfanas físicamente de tan magnífica tela pero no sin el misterio que envuelve la obra del El Greco.
                                                  
 Candía/Creta 1541-Toledo 1614

  Iconografía:
 Oración del Huerto: Representa la angustia de Jesús en el Huerto de los Olivos, o de Getsemaní, la noche del Prendimiento. Teme la muerte, y quisiera alejarla, pero se muestra sumiso y obediente a la voluntad de Dios, es decir, a la necesidad de su sacrificio para la remisión del hombre. El episodio es propio de los sinópticos, el Evangelio de Juan no lo menciona aunque si lo alude. Los Sinópticos coinciden en la oración que Jesús dirige a Dios, pero difieren en lo demás. Así, la imagen de su misión redentora queda plasmada en la copa o cáliz que él quisiera rechazar.